Claude Fable 5.1 💡 adaptive high

Puesto
1
Puntuación del juez IA
98.5
Puntuación humana
Duelos clasificatorios
1396
Intervalo del 95 %
98–98.8

Claude Opus 5 💡 adaptive high

Puesto
2
Puntuación del juez IA
98.4
Puntuación humana
Duelos clasificatorios
1734
Intervalo del 95 %
98–98.7

Resultado directo

Claude Fable 5.1 💡 adaptive high obtiene el 34.8 % de los puntos posibles frente a Claude Opus 5 💡 adaptive high.

5 victorias · 6 empates · 12 derrotas · 23 duelos publicados.

Ejemplo de textos

Escribe un correo electrónico personal de entre 400 y 700 palabras dirigido a tu hermano mayor, Gonzalo, que vive en Buenos Aires desde hace seis años, para proponerle organizar juntos la fiesta sorpresa por los setenta años de vuestra madre, que se celebrarán el 14 de noviembre. El propósito es doble: convencerlo de que venga aunque el viaje sea caro y complicado con su trabajo, y repartir tareas concretas (tú te encargas del restaurante y de reunir a las primas, y le propones que él prepare un vídeo con fotos antiguas y que mantenga el secreto en las videollamadas de los domingos, porque a mamá se le da muy bien sonsacarle). El correo debe mezclar la logística con la emoción: recuérdale que mamá lleva dos cumpleaños diciendo que «ya no está para fiestas» y que precisamente por eso este importa, y menciona algún recuerdo compartido de cumpleaños de la infancia. Tono cariñoso y cómplice de hermanos que se llevan bien pese a la distancia, con algún pique afectuoso, y un cierre que le ponga fácil decir que sí.

Veredicto publicado : Ventaja para el modelo A (juzgado por Claude Opus 5).

Claude Fable 5.1 💡 adaptive high

Asunto: Los setenta de mamá (y un plan que no puedes rechazar) Gonzalo: Te escribo por aquí y no por WhatsApp porque quiero que lo leas con calma, sin que te llegue entre dos reuniones y lo despaches con un pulgar arriba. Siéntate. Es sobre mamá. El 14 de noviembre cumple setenta. Setenta, Gonzalo. Y llevo dos cumpleaños escuchándola decir lo mismo: «Yo ya no estoy para fiestas, con una comida tranquila me sobra». El año pasado lo dijo mientras preparaba ella misma la tarta, porque «total, para que salga mal». Tú te ríes, pero yo la veo, y sé que lo dice para no molestar, no porque no le apetezca. Y precisamente por eso creo que este cumpleaños importa más que ninguno. Quiero organizarle una fiesta sorpresa. Y quiero organizarla contigo. Ya sé lo que vas a decirme. Que el billete desde Buenos Aires en noviembre cuesta un riñón, que en el trabajo justo entonces cierran no sé qué trimestre, que seis años allí no te han dado todavía el derecho a pedir dos semanas seguidas. Lo entiendo, de verdad. Pero también sé que mamá no va a cumplir setenta dos veces, y que la última vez que estuviste aquí en su cumpleaños fue el de los sesenta y tres, y ella todavía saca las fotos. No te pido dos semanas. Con cinco días me vale. Miré vuelos y hay uno decente saliendo el jueves 12; si sale caro, lo repartimos, y no me discutas eso ahora, ya lo discutiremos cuando estés aquí con una copa en la mano. Ahora, lo práctico, que si no te lo doy masticado no haces nada, que te conozco. Yo me encargo del restaurante. He pensado en el de la plaza, el que tiene el reservado del fondo, y estoy hablando con las primas para que vengan todas, incluida Marta, que ya sabes que hay que avisarla con tres meses porque siempre tiene un curso. Eso corre de mi cuenta. A ti te toca lo que mejor se te da, que es hacer llorar a la gente con cosas bonitas. Quiero que prepares un vídeo con fotos antiguas: las de la casa de la abuela, las del pueblo, las de papá con aquel bigote, las nuestras de pequeños. Tú tienes el ordenador con la copia de todo lo que escaneamos cuando vaciamos el trastero, y además tienes ese gusto insoportable para la música que hará que quede perfecto. Mándame la lista de fotos que te falten y te las busco. Y la tarea más difícil de todas: mantener el secreto en las videollamadas de los domingos. Sí, te estoy mirando a ti. A mamá le bastan tres preguntas para sacarte cualquier cosa, y tú te pones colorado hasta por la cámara. En Navidad se enteró del regalo de papá porque le preguntó qué tal el tiempo. Así que te pido que, de aquí a noviembre, cuando salga el tema del cumpleaños, digas solo que vendrás «si puedes» y cambies de tema con el fútbol o con lo que sea. Yo me encargo de que ella crea que haremos la comida tranquila de siempre. ¿Te acuerdas de mis ocho años? Mamá había preparado la merienda para quince niños y de pronto se fue la luz en todo el barrio. Papá quería aplazarlo y ella dijo que ni hablar, sacó las velas de la cocina, las puso por toda la casa y acabamos jugando al escondite a oscuras con las primas chillando por los pasillos. Tú te caíste en la bañera y ella, en vez de reñirte, se sentó en el suelo del baño a reírse contigo. Esa mujer no está «para fiestas». Esa mujer es la fiesta. Solo necesita que alguien se la organice por una vez. No te pido que decidas hoy. Te pido que mires el calendario, hables con tu jefe y me digas el lunes si el 12 de noviembre puedes salir de allí. Si la respuesta es sí, yo hago todo lo demás. Si es «casi», también lo arreglamos. Solo necesito que quieras. Un abrazo, hermano. Y ni una palabra el domingo. Tu hermana pequeña, que lo tiene todo controlado menos a ti

Claude Opus 5 💡 adaptive high

**Asunto: Operación 14 de noviembre (no le digas nada a mamá)** Gonza: Te escribo un correo en vez de llamarte porque, si te lo cuento por teléfono, sé perfectamente lo que va a pasar: te vas a poner nervioso, vas a hablar demasiado alto y el domingo siguiente mamá te va a sacar hasta el color del mantel. Así que léelo con calma, respira, y después me contestas. El 14 de noviembre mamá cumple setenta. Setenta, Gonzalo. Y lleva dos cumpleaños seguidos diciendo aquello de «ya no estoy para fiestas, hijo, con una comida en casa me sobra». Lo dice con esa voz de mártir que se le pone cuando en realidad está esperando que alguien la contradiga. El año pasado le hicimos caso, cenamos cuatro en la cocina, le regalamos un chal y a las diez y media estaba recogiendo los platos. Se acostó contenta, sí, pero yo me fui a casa con una sensación rara. Este año no pienso hacerle caso. Precisamente porque lo dice es por lo que hay que montarla: es su manera de decir que ya no se cree merecedora del jaleo, y me parece que setenta años dan derecho a bastante jaleo. La idea es una fiesta sorpresa. Restaurante, la familia entera, tarta, todo. Y para eso te necesito allí. Sé lo que vas a decir. Que noviembre es temporada alta en la agencia, que los vuelos desde Buenos Aires están imposibles, que te quedan cuatro días de vacaciones y que ya viniste en Navidad. Todo cierto. Pero mira: he estado mirando y si sacas el billete antes de agosto la diferencia es de casi cuatrocientos euros, y si te vienes el jueves y te vuelves el lunes te salen tres días de trabajo, dos de los cuales puedes teletrabajar desde el sofá de mamá mientras ella te trae café cada veinte minutos preguntándote si comes bien. Y si el problema es el dinero, lo hablamos y lo repartimos, que para eso somos dos. No quiero oírte con eso, en serio. Reparto de tareas, que te conozco y sin lista no funcionas: Yo me encargo del restaurante. Estoy entre el de la carretera de Aldeanueva, que tiene un salón aparte, y el italiano nuevo del centro. Me inclino por el primero porque a los tíos les da pereza aparcar. También me ocupo de reunir a las primas, que ya sabes que son un frente diplomático complejo: hablaré con Marta primero, que si se entera antes que Carmen tenemos guerra civil hasta el 2030. Tú tienes dos encargos. El primero: el vídeo. Fotos antiguas, las de la caja de galletas que se llevó papá al trastero y las que tienes escaneadas en el disco duro. Con música, con los años puestos, con todo. Se me ocurre empezar por la de la boda y terminar por la del verano pasado en la playa. Eres el único de los dos que sabe hacer eso sin que parezca un telediario, así que no me vengas con humildades. El segundo encargo es más difícil para ti: mantener el secreto en las videollamadas de los domingos. Gonzalo, mamá te sonsaca. Te ha sonsacado siempre. Con seis años cantaste que le habíamos comprado la plancha nueva antes de que la sacáramos de la bolsa. Si te pregunta por noviembre, cambia de tema, habla del tiempo, di que se corta la conexión. Lo que sea. ¿Te acuerdas de mis siete años, cuando montaste la búsqueda del tesoro por toda la casa y escondiste la última pista dentro del congelador? Mamá estuvo riéndose una semana. Pues eso quiero otra vez, pero al revés: que se ría ella. No hace falta que me contestes con un discurso. Con que me escribas «voy» me vale. Del resto ya me ocupo yo. Te quiero, pesado. Álvaro

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